Siempre tenemos en mente que el hecho de nacer ya es una bendición en el mundo; una nueva vida emerge y se llena de sueños e ilusiones, emociones profundas que quieres vivir y compartir con efusividad para ser escuchado y aceptado.
Todo esto va creciendo dentro de nosotros poco a poco. Siendo los más inocentes, vivimos sin ocultar nuestra sensibilidad o lo que queramos expresar. Sin embargo, a través de las vivencias de nuestros padres y de nuestro entorno, todo esto se va encapsulando.
El refugio de la mente
Comenzamos a ocultarnos y a actuar acorde a lo que se piensa es adecuado, y de pronto sientes que no perteneces ahí, que todo es como si fuéramos extraños en nuestro propio hogar.
Sentir esto es triste y solitario. Estás ahí solo, sin saber a dónde ir, sin encontrar razones necesarias para ir por lo que quieres, y poco a poco te vas perdiendo en tu propia mente, creando escenarios en los que puedas sentirte cómodo.
Una pregunta para tu presente
Ahora que ya has logrado avanzar en el tiempo, pero que sigues en ese mundo tratando de pertenecer —o simplemente sigues existiendo sabiendo que no perteneces—:
¿Qué piensas hacer? ¿Te quedarás allí y no vivirás o vivirás a tu manera y buscarás tu camino?
He logrado entender que para vivir la vida que quieres, tienes que avanzar por ti y para ti, para que luego podamos estar con otros, transmitir y ayudar de la mejor manera. Nunca será perfecto, pero sí será desde un sentimiento puro y real.
A las almas que transitan
A ti, esa alma que aún existe: Abrázate. Busca allí donde no quieres ir, reconoce que solo tú puedes salvarte y que eres un todo que puede renacer y ser auténtico. El origen no lo es todo; lo importante es lo que realmente quieres ser, lo que construyes y mantienes en el tiempo.
A ti, esa alma que ya no está: Te abrazo y te llevo conmigo. La esencia solo la ven aquellos que pueden ir más allá de una vida visible; solo te encuentran cuando te ven en el silencio y lo invisible.
El origen no lo es todo, lo importante es lo que realmente quieres ser.







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