Últimamente me he descubierto perdiendo la paciencia más rápido de lo normal, y me hizo reflexionar: ¿Qué tan tolerante soy realmente con quienes me rodean?, ¿La tolerancia tiene un límite?

En realidad, creo que a medida que pasa el tiempo hay muchas cosas que ya no soporto. Tampoco estoy dispuesta a aguantar por mantener una inexistente estabilidad o apariencia que para los demás es importante. Estoy en un punto de inflexión en mi vida donde ser llevadera o siempre mantener una postura relativamente positiva hacia los demás para evitar desaciertos, ya no es suficiente.

Si bien es cierto que para mi vida personal he sido muy libre, para mi vida familiar he tratado de nunca tener opiniones, aparentando una tranquilidad e indiferencia a cualquier situación, así yo también estuviese inmiscuida en esos eventos.

La anatomía del silencio
A raíz de los años he podido entender que cuando las personas son manipuladas de cualquier manera, tienden a tener este tipo de comportamiento; y más cuando los abusadores mantienen un control emocional y psicológico del entorno. Muchas veces el controlador se muestra como la persona más indefensa y, aun así, al ejercer su poder, tiende a generar mucho caos y crear silencios en aquellas personas que no se sienten en la capacidad o con la valentía de hacerse escuchar.

Claro está que también hay personas que pueden tomar la actitud de reaccionar con fiereza buscando defenderse; sin embargo, esa no es precisamente mi personalidad sino todo lo contrario. Lo mío generó un silencio muy profundo inclusive para mí misma, sin poder descifrar o entender algún sentimiento, ya que para mí lo normal era no sentir.

El espejo de la intolerancia
¿Qué pasa luego de tanto intentar sanar, o por lo menos lograr entenderme y tener una vida plena y tranquila? Sí, la tranquilidad es lo más importante para mí, y aún así me encuentro con situaciones de personas que siguen siendo manipuladas a nivel mental y emocional, donde el control que ejercen sobre ellos, es tan sutil e imperceptible que se cree que todo está fluyendo de manera positiva.

Hablo sobre todo esto porque tiene mucho que ver con mi tolerancia actual. Ahora tengo una percepción tan clara sobre estos casos que, cuando los veo, no me generan ningún tipo de empatía. Más bien me producen molestia y rabia, y lo manifiesto sobre la persona manipulada, ya que lo veo como un reflejo de mi debilidad pasada y de mi poca acción para defenderme; y, por supuesto, siento un rechazo mucho peor hacia el abusador.

Si bien es cierto que ahora trato de no estar en círculos donde yo esté expuesta a estas situaciones, siempre habrá casos a mi alrededor donde se viva.

Salvarse a uno mismo
Mi reflexión sobre todo esto, es que lo ideal es resguardar nuestro bienestar mental y emocional. Desde la calma, podemos tratar de que las víctimas sean más conscientes y busquen ayuda para afrontar esas situaciones, logrando entender que eso no es normal y que la justificación solo afianza ese abuso de poder.

La molestia no ayuda, pero pensar con tranquilidad y desde tu lugar seguro puede ayudar a muchas personas a encontrar su camino.

Al final, solo nosotros podemos salvarnos a nosotros mismos. Somos los únicos que tenemos ese poder si realmente queremos ser libres y vivir una vida plena.

¿Y tú? ¿Has estado en ese lugar de silencio? Si quieres, puedes contar tu historia o decir lo que piensas al respecto en los comentarios.

Margarita

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