Mi reflexión del día de hoy va dirigida a cómo damos y recibimos afecto.
Me he dado cuenta de que muchas veces subestimamos el cariño y la inclusión que nos quieren dar, simplemente porque no es lo que esperamos o lo que queremos recibir.
Por otro lado, está la otra vertiente: esa donde aceptamos lo que sea y no lo que realmente merecemos. Hay una fina línea entre estas dos cosas.
En casi todos mis artículos menciono la importancia de aceptarnos a nosotros mismos, ver nuestros defectos y virtudes para poder crecer. Pero también es cierto que lo bonito de la vida es poder aceptar a aquellas personas que están en nuestras vidas, sin querer cambiarlas; aquellas que representan una parte importante en nuestro pensar, forma de vivir, visiones y enseñanzas que nos han formado hasta ahora.
La trampa de querer cambiar al otro
Normalmente tenemos un concepto errado de la realidad, donde pensamos que podemos cambiar a los demás a nuestra forma. Olvidamos que al ser como son, es lo que los hace únicos y especiales para nosotros.
Exigimos formas de expresión de cariño acorde a nuestro estándar, sin tomar en cuenta que, probablemente, esas personas están dando de sí lo mejor que tienen y no conocen otra manera de mostrar su afecto.
Entonces, según mi pensar, el punto clave está en:
- Tratar de entender su forma: Reconocer su esfuerzo y su historia.
- Mostrar una guía: Comunicar claramente qué es lo que nosotros queremos recibir.
Nosotros tampoco somos muy conscientes de cómo transmitimos el cariño. Por eso, la comunicación es la mejor forma de entendernos e intentar llegar a un acuerdo en el que todos estemos cómodos, sin forzar un cambio abruptamente.
El espejo de la autoestima
También, muchas veces nuestra autoestima se viene abajo y recibimos afecto sin diferenciar cuándo es sincero y respetuoso y cuándo no. Al igual que muchas veces somos nosotros los que estamos siendo poco sinceros en nuestro pensar y sentir.
Cuando las relaciones están basadas en el respeto propio, es mucho más fácil poder respetar al otro y saber cuándo ya no es una relación sana.
Busquemos la manera de ser más pensantes para lograr una estabilidad emocional que nos ayude a encontrar un equilibrio en nuestras relaciones. Logremos identificar estos patrones para tener una mejor sincronía con aquellos que se lo merecen, y simplemente no entrar en conflicto con personas que no deben perturbar nuestra tranquilidad.
Aprender sobre ruedas
Siento que este artículo es un poco más directo. En mi experiencia, hubiese querido haber entendido antes a muchas personas y haberles dado un espacio más grande en mi vida; y a otras, con las que simplemente tendría que haber hecho una separación.
Sin embargo, de eso se trata la vida: de aprender sobre ruedas y reconocer lo que nos pasa en el momento que corresponde.
«Reconozcámonos, reconozcamos al otro y tengamos una vida más plena».
Margarita







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